sábado, 2 de octubre de 2010

Ruidos como luciérnagas

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Pienso de mí misma, sin confesarlo a nadie: Saben mis amigos y mis amores que soy indecisa, terca, impuntual, friolenta y testaruda. Que estoy incapacitada para rendirme y para decir que no los días festivos. Que me seducen las causas perdidas y que el deseo de contar el mundo rige el orden desorbitado de mis fantasías, el desorden exacto de mi memoria y la fuerza azarosa de las cosas y los seres en quienes creo. Que me cautiva la prosa mientras enamoro, a cuenta gotas y muy despacio, a la poesía. Que actualmente trabajo en no trabajar. Y llevo más de un año en otras cosas. Entregada al arte de perder el tiempo.

Yo puedo ser hormiga, tinta, viento, sal, letra, tierra, avión, estrella. Lo que venga de pronto y lo que quieras puedo ser si lo quieres.

Así, mientras voy siendo todo, soy, sobre todo, un rato, invulnerable. Así, mientras creo que consuelo me consuelan, mientras pienso que abrigo me abrigan, antes de dar recibo, a cambio de pasar se quedan en el aire de mis ojos la fuerza y el delirio de quien pena y quien juega a ser luciérnaga, niño, cometa, juguete de navidad, árbol, o ruido.

A mi vida le falta tanto para que llegue la navidad y tanto me ha pasado desde agosto que no tengo ni para cuándo empezar a pensar en jugar a ser quien no puedo ser. Mientras tanto respiro luciérnagas por el alma.


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