martes, 1 de junio de 2010

El color de la sangre

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Cuando pienso en nosotros pienso en los arcoíris, en la inmortal armonía de matices que se esconden en nuestras venas con infancias de colores: Una semana de risas, secretos, alegrías, lágrimas, complicidad, emociones cruzadas de emociones. Tanto en tan poco tiempo. Como si estrellas y cielo. ¿Qué hago con los instantes como caramelos de humo, con las madrugadas y los paseos que no he contado, con el gozo esférico y sutil que acumulé en las arterias y no traje hasta aquí porque no había una maleta infinita para guardarlos?

Y de repente, con el sol tibio del último domingo de Mayo, entra, como si nada, la tristeza. Cínica hechicera, impostora, narcotraficante de ánimos desteñidos. De semejante mezcla no puede salir sino el redondo caos que me deslumbra.
Pienso en nosotros, el alma, en la memoria, y en los silencios. Desde chica me gustaba pensarlo y hasta hoy sigo en eso, aunque ayer me haya dado por dejar entrar algo parecido a la melancolía: Esto lo tengo siempre claro, pero a veces es de una nitidez que lastima hasta el color de la sangre. Pasa todo tan rápido, tan en desorden. Oigo con avidez y recuerdo con precaria nostalgia. Y yo, en el umbral de la vida como si fuera el ojo descompuesto de un reloj sin tiempo.

Uno aprende a entender que la vida puede traernos penas, a que podemos aceptarlas sin ira, y que uno no es nadie para intentar que existan unas sin las otras. Pero esta imprevista irrupción en mi armónica esfera, esta determinación con la que quiere sacudirme el ánimo sólo porque le da la gana, no la soporto. Así que, fuera de mis delirios color sangre. Fuera que tengo mucho que hacer.

Punto y aparte: La Luna ha brotado impasible. Ya es Junio. Y hace calor. No quiero sino estar y estar, como las gotas de lluvia antes que llegue el arcoíris.
Pregunta de colores: ¿El color de la sangre podrá ser arcoíris?

3 comentarios:

  1. Cuando llega la aceptación de las penas empieza el desmoronamiento.
    Sin traumas ni disgustos pero desmoronamiento.

    Besos.

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  2. Tengo una receta para combatir las penas. Lo malo es que crea dependencia y te intoxicas de por vida. Bueno, creo que ya las has leído en mi blog.
    Hola, sr. Toro

    La sangre descompuesta por el espectro de la luz tiene los colores que más te gusten.

    Un beso, cariño. Todo se aclarará y estoy seguro de que seguirás adelante con esa entereza que dios te ha dado.

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  3. Tranquilos señores, aquí no pasa nada. Ni me he desmoronado ni tengo la sangre descompuesta, por fortuna. Simplemente, necesitaba sacudirme la melancolía que, en ocasiones, se acumula despacito. Mi terapia de renovación fue escribir, por eso este post.

    Muchas gracias a ambos dos: Luis, y Sr. Toro.
    Saludos y besos.

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