viernes, 21 de mayo de 2010

Libros, los hijos del cerebro

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Ante ciertos libros uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas, uno se pregunta. ¿Qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran. André Gide


Un buen libro o libro bueno, es el amigo que todo lo da y nada pide. Es el maestro generoso que no regatea su saber ni se cansa de repetir lo que sabe. Es el fiel transmisor de la prudencia y de la sabiduría antigua. Es el consuelo de las horas tristes. El que hace olvidar al preso su cárcel y al desterrado su nostalgia. El sedante de los grandes afanes, que va dondequiera que vayamos con nuestro dolor. El mentor de las grandes decisiones. El que ablanda el corazón en los momentos de dureza, o nos vigoriza cuando empezamos a flanquear. Y después de ser todo esto, tiene la soberana grandeza de no hipotecar nuestra gratitud. Una vez leído lo volvemos sencillamente al estante, o lo dejamos olvidado en el asiento de un tren o en la banca del parque. Es igual. Ni nos guardará rencor si no se lo hemos agradecido. Gregorio Marañón

Es supersticiosa y vana la costumbre de buscar sentido en los libros, equiparable a buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de las manos: Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Jorge Luis Borges.

3 comentarios:

  1. Pues si.
    Y más aún.
    Adoro leer.

    Besos.

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  2. Así es señor Toro. Compartimos el mismo gusto.

    Saludos y besos para mi asiduo y fiel comentarista, gracias. ;)

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  3. Qué preciosidad de post, qué homenaje a los libros. Gide, Borges, Marañón.., y los pies de Urlanda. No sé si voy a saber resistir tanta belleza.
    Un beso muy grande y qué bien que hayas actualizado. Tienes pies de gheisa.

    Y sí, es imposible competir con el sr. Toro en puntualidad, formalidad y fidelidad.

    Un beso, Urlanda

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