viernes, 30 de abril de 2010

El sonido del silencio

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Cierro los ojos buscando en mi cabeza el nombre de un pueblo que me urge recordar: Santa Rosalía, San Bruno, San Lucas, todos pasan dejando el aliento que perturba la rara mezcla de armónicos mares. No es ninguno de esos pueblos el que necesito, ninguno de esos nombres, pero así nos sucede, buscando una rareza podemos encontrar milagros.

A veces, andamos cargando un viejo amor, pero casi nadie querría volver a encontrarse con ese oscuro objeto del deseo que nos marcó la vida, pero luego hizo el bien de irse con la música a otra parte. No siempre los viejos amores fueron amores contrariados. Pero con frecuencia lo fueron. Después, todo es olvido sin retorno.

La vida de las cosas que ahí están, sin decir casi nada, se revela de pronto como algo trascendente. Cualquier año es bueno para nacer, todos llevan cielos con prodigios y desventuras. Así son los amores. Así son los milagros: audaces voces de sueños compartidos.
A veces sueño dormida. Otras más, vivo soñando. Anoche soñé que era escritora. Aunque no sé si de ficción. Tenía los pies en la tierra que salva a quienes sueñan y los deja soñar. También soñé que era torbellino: Que arrebata y siembra tranquilidad. Ahora estoy viendo cómo empujar las horas para que se alarguen los días y alcance a caber todo en dos maletas.

Si somos como barcos ¿quiénes son nuestros náufragos? ¿Qué tesoros tiramos por la borda? ¿Qué milagro nos mantiene a flote? ¿A dónde vamos cuando el mar finge estar en calma? ¿A dónde cuando nos deslumbra la noche? ¿En dónde guardamos los silencios?

Punto y aparte: Los audaces sueñan. Los audaces cantan más allá de la regadera, los audaces tienen amores y se consumen en su fuego, los audaces andan por la calle a las cuatro de la mañana sin preguntarse quién los sigue y no temen por quien pueda encontrarlos. Los audaces siembran ríos, cosechan ilusiones, son hermosos como libélulas, se tiran del paracaídas, caminan por ciudades desnudas, y hacen amigos donde pocos los tienen. Los audaces regresan. Los audaces escriben vidas como quien cuenta prodigios con silencios de estrellas, y no temen para inventar realidades más atrevidas que la luz cayendo sobre sus ojos. Los audaces gritan en silencio. Y saben amar con los ojos abiertos.

La vida es un delirio cuando le da por serlo.

6 comentarios:

  1. Esta última semana ha sido muy intensa y especial en mi vida. He vivido y compartido al lado de mis hermanas, Génesis y Edith, momentos que serán imborrables en la memoria del alma: Las amo. Este post es dedicado a ambas dos.

    Gracias a mi familia y amig@s por todo. Este fin de semana regreso a la Baja Sur. Desde ahí seguiré posteando en mis pequeños ratos libres.

    Saludos.

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  2. me gusta la audacía y como hablas de ella. yo a veces, en una época de mi vida, fui audaz. ahora me he dado cuenta de su valor y pretendo volver a serlo. pero me he dado cuenta de que no estan fácil volver... trataré de hacerlo en un par de meses. Ya todo está fijado para echar a volar de nuevo....
    Besos.

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  3. Qué alegría que puedas ver tanto !

    Un abrazo.

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  4. Me alegro, aparecer y ser iluminado de tantos buenos sentimientos en este infinito. Me alegro de estar por aqui, aunque sea solo para decirte hola y preguntarte: ¿cómo te va?

    Un abrazo.

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  5. ¿Y cuando uno es una mezcla de audacia y mieditis? Es decir. Que no le da miedo pasear a las cuatro de la mañana y ser asaltado más de una vez ( a mí me ha ocurrido). Los veinte euros de una cartera no merecen que sacrifiques el placer de un bonito paseo nocturno una noche de verano. Y el miedo a perder ese gusto por pasear en compañía de gatos pardos. O ese otro miedo más elemental que es no saber volver a casa. No saber siquiera cuál es tu casa.
    Un beso, Urlandilla. Bonito texto

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Ilumina. Grita. Canta. Muerde. Vacía tus palabras llenándolas de infinito..