sábado, 9 de enero de 2010

malas intenciones

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No recuerdo cuanto tiempo caminamos juntos. Quizás fueron horas o segundos, tal vez fueron siglos conjugados en pasado sin futuro. No recuerdo más allá de la silueta de tu adiós, cuando soltaste mi mano a la mitad del camino. Tampoco recuerdo el color de las lágrimas que te grite: nacieron mudas.

Sentí frio. Y una infinita soledad se apodero de mis sentidos. Estaba sola en medio de un oscuro túnel, en la mitad de la nada, con ganas de terminar con todo. Sentía frio y miedo. Miedo de avanzar y no salir de aquel agujero al que llegue sin darme cuenta. Miedo de perderme hasta el punto de no retorno. Perderme y no encontrar mi rastro, ni mis huellas. Perderme, y no ser capaz de reconocerme en otros ojos que ya no fueran tuyos. Pensé en ti, y sentí lastima; me acorde de mí, y con rabia vomite mis tristezas.

Comprendí todo.

Para avanzar tenía que olvidarme de ella y su recuerdo. Entonces solté el bulto que cargaba para dejarlo caer al suelo de mi abismo: un grito ensordecedor despertó el oscuro silencio de aquel túnel -se quebraría los huesos-, pensé. Me equivoque.

Seguía dormida. Soñando, supuse. Me equivoque de nuevo. No estaba dormida, había muerto. Murió cuando la cajita torácica se estrelló entre mil ilusiones y fantasías de cristal. Pero su alma aún tenía vida y si lograba escapar, me torturaría siempre. Tenía que terminar con ella antes que la muy perra, desde la muerte, terminara conmigo. Debía darme prisa. No había tiempo para pensar las cosas, o actuaba rápido o me quedaba encerrada en el túnel, con ella. Curiosa situación. Estaba metida en ese hoyo para deshacerme de un bulto repleto de amarguras, miedos, rencores, tristezas, frustraciones y, si no me apurada, me quedaría sepultada agonizando conmigo misma. De nuevo el tiempo corría en mi contra. Pensé en ti y tuve rabia de nuevo.

De pronto me sentí bañada en sudor, completamente, desde la cara hasta las piernas. No me di cuenta cuando fue que deje de sentir frio, supongo que la adrenalina del momento aligero mis miedos para agudizarme los sentidos. Solo pensaba en salir de ahí. Perdí toda noción del tiempo pero sabía que llevaba horas enclaustrada en ese lugar que ahora daba la sensación de ser una cueva. Ya no sabía que hacer: si retroceder corriendo sobre mis pasos o apurar el rito que tenía pendiente, para entonces salir sin miedos ni remordimientos.

En la oscuridad del lugar experimente la sensación de ser ciega adiestrada, todos mis movimientos debían ser precisos y exactos. Y así fueron. Tome su cuerpo con cuidado para que su alma no escapara antes de lo debido. Entonces me di cuenta que no se iría sola. Se marcharía para dejarme libre, sí, pero a cambio reclama otra vida. Y ya había escogido.

De nuevo comprendí.

No era sudor lo que me mojaba las piernas, llevaba poco más de una hora desangrándome desde el corazón. Llore.

Sin darme cuenta empecé a caminar, despacio, sin fuerzas casi, hasta encontrar la salida de aquel oscuro lugar. Conforme avanzaba, la luz iluminaba mi cuerpo, mis pasos, y entonces pude ver como desde mis entrañas se escupían fragmentos de palabras rotas, inconclusas, letras muertas, comas y puntos suspendidos...

Había muerto un libro.


12 comentarios:

  1. Me voy estremecido.
    Que descanse en paz.

    Besos.

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  2. Urlanda...

    Tienes un don especial para escribir y para transmitir emociones. Te felicito porque tus escritos producen sentimientos, y eso es lo mejor que se le puede decir a un escritor.

    Saludos

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  3. Excelente. Un texto que transmite, sin duda. Me gustó especialmente el último párrafo.
    Un beso.

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  4. Gran texto, muy bien escrito.

    Abrazo

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  5. Me gusta tu texto. Observo la magia de tus palabras y no puedo por menos que felicitarte. Es un placer poder leerte. Un saludo.

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  6. habia muerto un libro pero todavia quedaba suficiente tinta para imprimir distintos ejemplares.
    muchas veces o siempre. el peor enemigo sois vos, nosotros mismos. nos llenamos de tanto que aveces no podemos respirar y de tanto cargar con ese bulto nos crece la joroba. ese lastre de cuerpo tan pero tan pesado. buen texto. caricias picantes al verso, pero sobre todo humano. algo que hace reinventarse.

    el mejor de los saludos y ya te sigo. me seguis tambien o que? jaja

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  7. Toro, así sea, que en paz descanse.
    Besos.

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  8. Félix, muchas gracias! Me dejas sin palabras, en serio, y con una enorme satisfacción en forma de sonrisa.
    Un abrazo.

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  9. Suso, me gusta que te gustase. Gracias.
    Besos.

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  10. Jose Jaime, que tú me lo digas es un halago gordo. Un abrazote.

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  11. Angus, muchas gracias por lo que me dices!
    Y bienvenido a mi infinito de palabras. Besos.

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  12. Asturiela, que gratas palabras. Gracias por la visita y por favor, siéntete bienvenida. Besos.

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