viernes, 29 de enero de 2010

Estrellas de enero

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Lo mismo que cualquiera, yo he ido teniendo vidas, épocas de vida, muy distantes y distintas entre sí. Parada en medio de este universo de creaciones extrañas, de esta multitud de pequeñas cosas dispuestas a ser útiles, a veces me he sentido una completa inútil. Pero no mucho, solo lo justamente necesario como para reírme de mi misma y de mis circunstancias pasajeras. Entre más tiempo pasa más bien sé que se necesita una fuerza doble para entregarse a la vida al mismo tiempo en que se vive. Y que a veces vivir resulta si no más intenso, sí más inminente que andar inventando la vida. En éste como en algunos otros casos, no todo tiempo pasado fue mejor. He tejidos estos sentimientos de neuronas mientras descubro que en este raro enero, tras tres semanas de frío y muchos días de lluvias, llegó un viento largo trayendo entre sus alas un cielo azul que ha durado lo que duran las alegrías en el alma. En las noches se ven las estrellas y yo estoy como alucinada, que quisiera salir a llamar a los bomberos. Todo mejora.

Estoy cerrando maletas y abriendo las alas...

5 comentarios:

  1. Este año inicia con cambio de rumbo en mis pasos, pasos firmes y seguros que muy pronto han de encontrarse con el mar.

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  2. Me alegro muchísimo.
    El mar también.

    Besos.

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  3. Urlanda...

    Que tus pasos sean firmes en busca del mar o lo que desees, que a buen seguro que lo conseguiras. Me gustaron mucho tus letras.

    Besos.

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  4. Hola, un gusto llegar por aquí... un post bien escrito, se agradece.
    "Entre más tiempo pasa más bien sé que se necesita una fuerza doble para entregarse a la vida al mismo tiempo en que se vive." ¡muy lúcidas palabras que comparto plenamente!
    Así es todo, en permanente movimiento y cambio tanto lo externo como lo interno, por ello, siento, es bueno no olvidar que el aquí y el ahora es lo único que realmente existe...

    Te dejo un saludo fraterno desde el confín austral!

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  5. ...y caminando, caminando, Urlanda y sus pies blancos llegaron hasta la orilla del mar. Hundidos en sus corales, una estrella de saludó la belleza de sus piececillos confundiéndolos con estrellas de mar de otra especie, más elegantes y esbeltas.
    Urlanda le preguntó a la estrella de mar: "¿Puedo empezar de nuevo junto al mar? ¿Cuántas veces se puede de nuevo empezar?"

    Y la estrella de mar en vez de contestar, prefirió desprenderse de una patita, alejándose con la tranquilidad de saber que le iba a crecer otra y que Urlanda entendería su mensaje.

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Ilumina. Grita. Canta. Muerde. Vacía tus palabras llenándolas de infinito..