viernes, 8 de enero de 2010

Barbaridad sin caderas

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Muchos años después de nuestra era, en otro mundo (cuadrado, no redondo), existió una mujer hermosa. En el mundo cuadrado había más mujeres hermosas, muchas, de todos los gustos y colores, pero ahora mismo solo tengo sesos para una. Además, este es mi relato y me centrare solamente en esta mujer, la que me sale de las neuronas. Y dejando la distracción y explicaciones de lado, prosigo con la mujer de mi cabeza y con mi historia...

Esta mujer seguramente tenía un nombre diferente y complicado, pero no lo recuerdo. Todos la llamaban Bárbara, por lo tremendo de sus palabras, lo mordaz de su mirada, y lo bélico de sus actos inocentes. Y Bárbara fue su nombre para siempre. Pero de cariño le decían Barbarie, Barbie, o incluso, los más tiernos la llamaban Barbi, por el parecido físico que tenía a una muñeca de plástico muy famosa en el mundo de las fantasías de chicos y grandes.

Barbi vivía en un país donde los sueños eran azules, y los príncipes eran de chocolate (del que no se derrite en las manos). Es lo que pasa cuando vives en las cálidas regiones del Sahara, al norte de África, los chocolates se derriten en la boca, no en la mano. Y con sus sueños y sus chocolates, Barbi era feliz. O al menos intentaba serlo.
A Barbi le gustaba cantar dentro y fuera de la regadera, pero su madre y hermanos siempre dijeron que su voz era divina solamente cuando cantaba dentro del cuarto de baño. Así que también cantaba los días de lluvia, imaginándose dueña del mundo, y pensando que el cielo lloraba para escuchar su voz bajo las nubes.

En realidad, Barbie era una muchacha especial, con sueños e ilusiones como todos. Con alguna fantasía esquizofrénica, no lo dudo. Pero normal. Nada que no fuera de esta galaxia. Pienso que ella alguna vez soñó con ser astronauta, o escritora, o monja, o estrella. No sé. Pudo ser tantas cosas, y ser todo lo que ella misma se permitiera ser.
Hasta que un día, conoció a míster internet de quien se enamoró perdidamente. Y hasta ahí llego la historia de la mujer hermosa de mirada cautivante, hasta ahí llegaron muchos sueños e ilusiones, hasta ahí llego la astronauta sin nave, hasta ahí llego la cantante con voz de lluvia. Y hasta ahí quise saber de Barbi, porqué en ese momento decidí que no quería seguir contaminando mi mente con la mujer de un mundo cuadrado y futurista.




Lo último que supe de ella fue, que sí pudo ser escritora: prostituía a sus hijas, las letras, con Don Google, el hijo bastardo de míster internet.

3 comentarios:

  1. Gran relato, que acaba con una profunda crítica a este mundo donde nos encontramos.

    Abrazo

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  2. Sorprendente. Para nada esperaba ese final. Con lo bien que estaba ella entre sueños y chocolates.

    Un saludo.

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Ilumina. Grita. Canta. Muerde. Vacía tus palabras llenándolas de infinito..