viernes, 23 de octubre de 2009

Ambigua y desvariada

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Amaneció oscuro el viernes con cielo iluminado y a mí estos despertares me provocan ocurrencias. Lo único predecible de las primeras veinticuatro horas después de un huracán, es que son imprevisibles. Puede pasar de todo sin que pase nada. Si la sola danza del aire siembra contratiempos en el ánimo, ya ni pensar lo que hacen las catarsis. Al volver de la calle vi un colibrí en la punta de un naranjo. Estaba ahí estático y estática me quedé yo, mirándolo, desde lejos, para no asustarlo con mis ideas. Un instante que se hubiera antojado infinito, lleno de respuestas que aún me asombran, que siempre me alegran. Entonces no sé qué paso. Como cada día. Seré yo apta o inepta, como ahora mismo, que no doy una con las palabras precisas, correctas para nacer con la emoción que corresponda a lo que siento.


Luego, dormí una siesta que nunca duermo y soñé con mi padre. Me decía algo que se desvanecía en un idioma de agua que no entiendo mientras me abrazaba a su pecho, y me beso los ojos antes de partir.




6 comentarios:

  1. Una fantasía: Soñé que dormía una siesta y soñaba con mi padre y su abrazo y su beso besándome los ojos.

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  2. Bonito, el cuidado o consejo paterno que aparece en un momento de preguntas.

    Abrazo

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  3. Eso son los sueños que importan. Felicidades.

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  4. Da pena despertar verdad?
    Es un sueño bonito.

    Saludos.

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  5. Toro, es que no podemos dormirnos en los laureles. Es bonito soñar, pero también es bonito soñar.

    Saludos

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Ilumina. Grita. Canta. Muerde. Vacía tus palabras llenándolas de infinito..